NGC 7293, la nebulosa de la Hélice.

Distintas visiones de  NGC 7293.
NGC 7293

Esta fotografía en color compuesto de la Nebulosa de la Hélice (NGC 7293) fue creada a partir de fotografías obtenidas por el Wide Field Imager (WFI), una cámara astronómica instalada en el telescopio Max-Planck/ESO de 2,2 metros, emplazado en el Observatorio La Silla (Chile). El brillo azul-verdoso en el centro de Helix proviene de átomos de oxígeno brillando bajo el efecto de la intensa radiación ultravioleta de la estrella central a 120.000 grados Celsius y el gas caliente. Hacia el exterior de la estrella y más allá del anillo de nódulos, el color rojo del hidrógeno y el nitrógeno es más prominente. Una cuidadosa mirada a la parte central de este objeto revela no sólo los nódulos, sino también muchas galaxias remotas visibles a través del brillante gas finamente esparcido.

Esta fotografía fue creada a partir de imágenes tomadas a través de filtros azul, verde y rojo, y los tiempos de exposición total fueron de 12 minutos, 9 minutos y 7 minutos respectivamente.

Crédito: 
ESO.

Una nueva visión de la Nebulosa de la Hélice.
La nebulosa Helix por el Hubble.

Esta imagen compuesta mos muestra la colorida nebulosa de la hélice, NGC 7293, realizada por la Avanzada Cámara para Sondeos (ACS) del Telescopio Espacial Hubble de la NASA/ESA y de la cámara Mosaic II situada en el Telescopio de 4-metros en el Observatorio Inter Americano de Cerro Tololo en Chile. El objeto estelar a mostrar es tan grande que se necesitó a los dos telescopios para obtener una visión completa de la nebulosa. La nebulosa de la Hélice es una nebulosa planetaria, un envoltorio de gas expelido en los últimos momentos de la vida de una estrella similar a nuestro Sol. La nebulosa de la Hélice se asemeja a un simple donut observado desde la Tierra pero las apariencias pueden ser engañosas, nuevas evidencias sugieren que puede estar formado por dos discos gaseosos perpendiculares entre sí.

Créditos:
NASA, ESA, C.R. O'Dell (Vanderbilt University), and M. Meixner, P. McCullough, and G. Bacon (Space Telescope Science Institute).

Helix Nebula.
Helix Nebula en ultravioleta.

Imagen ultravioleta mostrada por el Galaxy Evolution Explorer (GALEX) de la nebulosa planetaria NGC 7293 también conocida como la Nebulosa de la Hélice. Es el ejemplo más cercano de lo que le sucede a una estrella, como nuestro propio Sol, cuando se acerca al final de su vida cuando se agota el combustible, expulsa el gas hacia afuera y evoluciona hacia una estrella enana blanca mucho más caliente, más pequeña y más densa. La estrella central que todavía no es una enana blanca se puede observar en el centro de la nebulosa como un punto blanco rodeada de las capas de material que se forman durante la fase de gigante roja y que son expulsadas cuando el núcleo de la estrella cuando entra en el denominado proceso triple-alfa, el helio se fusiona en el núcleo para producir otros elementos más pesados como el carbono, oxígeno, nitrógeno.

Crédito:
NASA / JPL-Caltech / SSC

Desentrañando las costuras de la Nebulosa de la Hélice.
NGC 7293 en infrarrojos.

Una estrella moribunda está lanzando una rabieta cósmica en esta imagen combinada del Telescopio Espacial Spitzer de la NASA y del Galaxy Evolution Explorer (GALEX) de la NASA que la NASA ha prestado al Instituto de Tecnología de California en Pasadena. Las estrellas cuando llegan al final de su existencia sus capas exteriores polvorientas se abren paulatinamente en el espacio, brillando por la radiación ultravioleta intensa que es bombeada hacia fuera por el núcleo estelar caliente.

Este objeto, llamado la nebulosa de la Hélice se encuentra a 650 años luz de distancia en la constelación de Acuario. También conocido por el número de catálogo NGC 7293, es un ejemplo típico de una clase de objetos llamados nebulosas planetarias. Descubiertas en el siglo XVIII, estas obras de arte cósmicas fueron erróneamente nombradas por su parecido con los planetas gigantes de gas y por confundir sus capas por anillos de formación planetaria ya que en aquellas épocas los telescopios al uso eran muy limitados.

Las nebulosas planetarias son en realidad los restos de estrellas que una vez se parecieron mucho a nuestro sol. Estas estrellas pasan la mayor parte de sus vidas convirtiendo el hidrógeno en helio en masivas reacciones de fusión nuclear en sus núcleos, secuencia principal. De hecho, este proceso de fusión proporciona toda la luz y el calor que obtenemos de nuestro sol. Nuestro sol se convertirá en una nebulosa planetaria cuando muera en unos cinco mil millones de años, en estos momentos se encuentra en una etapa intermedia de su vida.

Cuando el combustible de hidrógeno para la reacción de fusión se agota, la estrella que posee un núcleo de helio quema este nuevo combustible para formar una mezcla más pesada de carbono, nitrógeno y oxígeno. Eventualmente, el helio también se agotará y la estrella morirá soplando fuera sus capas gaseosas externas y dejando detrás un caliente, denso y pequeño núcleo llamado enana blanca. La enana blanca es del tamaño de la Tierra, pero tiene una masa muy cercana a la de la estrella original, de hecho, una cucharadita de una enana blanca pesaría tanto como unos pocos elefantes.

El resplandor de las nebulosas planetarias es particularmente intrigante, ya que parece sorprendentemente similar a través de una amplia franja del espectro, desde el ultravioleta al infrarrojo. La hélice sigue siendo reconocible en cualquiera de estas longitudes de onda, pero la combinación mostrada aquí destaca algunas diferencias sutiles.

La intensa radiación ultravioleta de la enana blanca calienta las capas expulsadas de gas, que brillan intensamente en el infrarrojo. GALEX ha seleccionado la luz ultravioleta que sale de este sistema, mostrada a lo largo de la nebulosa en azul, mientras que Spitzer ha enganchado la firma infrarroja detallada del polvo y del gas en amarillo. Una porción del campo extendido más allá de la nebulosa que no fue observada por Spitzer proviene del Wide-Field Infrared Survey Explorer (WISE) de la NASA. La estrella enana blanca en sí es un pequeño pinchazo blanco justo en el centro de la nebulosa.

El círculo púrpura más brillante en el centro es el resplandor combinado de ultravioleta e infrarrojo de un disco polvoriento que rodea a la enana blanca (el disco es demasiado pequeño para ser resuelto). Este polvo fue muy probablemente pateado por los cometas que sobrevivieron a la muerte de su estrella.

Antes de que la estrella muriera, sus cometas, y posiblemente planetas, habrían orbitado la estrella de una manera ordenada. Cuando la estrella se quedó sin hidrógeno para quemar y sopló sus capas exteriores, los cuerpos helados y los planetas exteriores habrían sido arrojados unos sobre otros, levantando una tormenta cósmica de polvo. Cualquier planeta interno del sistema se habría quemado o habrían sido tragados a medida que su estrella moribunda se expandiera.

Los datos infrarrojos de Spitzer para la nebulosa central se representan en verde (longitudes de onda de 3.6 a 4.5 micrones) y rojo (8 a 24 micrones), con los datos de WISE que cubren las áreas exteriores en verde (3.4 a 4.5 micrones) y rojo (12 a 22 Micras). Los datos ultravioleta de GALEX aparecen como azul (0.15 a 2.3 micrones).

Crédito:
NASA / JPL-Caltech

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